From Fr. Davy’s Desk: July 5, 2015

“A prophet is not accepted in his own house.” We often quote this Biblical statement when we get criticism after saying or doing something good. Jesus went around doing good and preaching the Good News but the people did not acknowledge him as the Son of God. Our greatest difficulty is to really believe that God is present always in the ordinary events of our daily lives. In today’s Gospel Jesus is being rejected by his own townspeople of Nazareth. They could not see God in this mere carpenter, young man, son of Mary, neighbor of theirs with whom they were so familiar. Jesus was just too ordinary, too human, for them.

This Scripture story is told again today because this same thing is happening even now. For example, so many people think that we go to church in order to find God, while in fact we go to church not to find God but to celebrate in joyful thanksgiving, the God we have already found out in the world. During my ministry in Kenya several occasions I have celebrated Mass under trees and in huts where chicken, sheep, dogs and other domestic animals also join us during the Mass. Jesus is really present there. God is right there, all the time, in all the daily secular realities of our everyday life in the world.

In the Eucharist we look at bread and wine and see Christ. So too we must see him in others. Being a carpenter Jesus might have fixed doors and windows and built houses. Blessed Mother Teresa, St. Damien, Dorothy Day, Gandhi, Scientists, Artists and Musicians all became famous by their perseverance, faith and hope. So too our prophetic role is to be continued today besides challenges and criticisms. Let us acknowledge the presence of Jesus in the ordinary people around us and accept the prophetic roles of our brothers and sisters.

Wish you a Happy Fourth of July, God Bless America!

Father Kavungal Davy, CMI


 

“Un profeta no es aceptado en su propia casa.” Utilizamos esta declaración bíblica cuando lleguemos críticas después de decir o hacer cosas buenas. Jesús anduvo haciendo el bien y la predicación de la Buena Nueva, pero la gente no lo reconoce como el Hijo de Dios. Nuestra mayor dificultad es creer realmente que Dios está presente siempre en los acontecimientos ordinarios de nuestra vida cotidiana. En el evangelio de hoy Jesús está siendo rechazado por su propia gente del pueblo de Nazaret. No podían ver a Dios en este mera carpintero, joven, hijo de María, vecina de la suya con los que eran tan familiares.

Esta historia la Escritura se le dice de nuevo hoy porque esto mismo está sucediendo ahora mismo. Por ejemplo, por lo que muchas personas piensan que vamos a la iglesia con el fin de encontrar a Dios, mientras que, de hecho, vamos a la iglesia, no para encontrar a Dios, sino para celebrar con gozosa acción de gracias, el Dios que ya han descubierto en el mundo. Durante mi ministerio en Kenia varias ocasiones yo celebré la misa bajo los árboles y en cabañas donde pollo, ovejas, perros y otros animales domésticos también se unen a nosotros durante la Misa. Jesús está realmente presente allí. Dios está ahí, todo el tiempo, en todas las realidades seculares diarias de nuestra vida cotidiana en el mundo.

En la Eucaristía nos fijamos en el pan y el vino y vemos a Cristo. Así también tenemos que verlo en los demás. Al ser un carpintero Jesús podría haber fijado puertas y ventanas y las casas construidas. Madre Teresa de Culcutta, San Damián, Dorothy Day, científicos, artistas y músicos todos se hicieron famosos por su perseverancia, fe y esperanza. Así también nuestra llamada profética es que continuar hoy, además de desafíos y críticas. Reconozcamos la presencia de Jesús en la gente común que nos rodean y aceptamos las funciones proféticas de nuestros hermanos y hermanas.

Padre Kavungal Davy, CMI